Los otakus tienen la palabra

Los otakus tienen la palabra

Por Ronald Cotaquispe*

En abril de este año, el programa Enemigos públicos, de Panamericana Televisión, difundió un reportaje sobre “peligrosos juegos sexuales”-así lo dijo el conductor, Aldo Miyashiro- en los cuales adolescentes comparten, a través de las redes sociales, imágenes con contenido erótico. La nota habría sido una más de las muchas que tratan el tema si no hubiese incluido entre dichos juegos al cosplay, actividad que consiste en disfrazarse de un personaje de ficción (principalmente de un anime), pero que para el periodista de Enemigos públicos está al mismo nivel que el swinging y las fiestas semáforo. Incluso definió a los cosplayers, quienes practican este hobby, como “hombres y mujeres mayores de edad personificando dibujos animados con la única intención de llegar a menores (de edad)”. Su entrevistado, un especialista en informática (y solo en informática, al parecer), le dio la razón.

El reportaje, desatinado por donde se le mire, generó la airada protesta en el Perú de muchos de los llamados otakus, es decir, de aquellos fans del anime que viven intensamente su pasión, viendo durante horas sus series favoritas, coleccionando numerosos artículos relacionados a ellas y -obvio- haciendo cosplay. Pero esta afrenta disfrazada de información periodística también puso en evidencia una triste realidad: que poco o nada se sabe de los otakus y que incluso son mal vistos, a pesar de que en los últimos años la cultura anime se ha extendido como una onda expansiva.

Los eventos otaku, en los cuales la gente se disfraza, toma fotos y ‘poguea’ al ritmo de bandas sonora de sus series favoritas se realizan todos los meses. El anime ahora es un tema relevante en periódicos como Clubmanganime y el programa Cinescape, que hace poco realizó y mostró en televisión abierta un concurso entre cosplayers. Aun así los otakus, para el común de las personas, siguen siendo una incógnita, ‘bichos raros’ que pierden el tiempo en niñerías o, en el peor de los casos, como lo demuestra Enemigos públicos, depravados sexuales que acosan a chibolos.

En todo caso, lo que se ha expandido es la cultura anime y no tanto la otaku, que no son exactamente lo mismo. Todos hemos visto aunque sea un anime en nuestras vidas pero ¿cuántos nos hemos atrevido a personificar en público a uno de sus protagonistas? Estas series están de moda y cada noticia relacionada con ellas –y con casi toda corriente cultural que proviene de Asia– es tratada en infinidad de blogs. A las pruebas nos remitimos: aquicito nomás, en La Prensa, tenemos como vecina a Mirtha Coral y su bitácora Hola Asia.

Pero ¿qué hay de las manifestaciones locales de la cultura asiática, en especial la otaku? Desde que se realizaron en nuestro país las primeras actividades en torno a ella, a fines de los 90, han surgido eventos especiales (el OtakuFest es uno de ellos) y fechas memorables; toda una historia digna de ser publicada en un libro de tapa gruesa y que, además, cuenta con sus personajes emblemáticos. Todo eso, lamentablemente, ha quedado excluido de la mayoría de blogs –salvo excepciones como La diaria de Daria  y FanRadio – y, cuando mucho, está registrado en algún inubicable foro o post de Facebook, perdido para siempre en la inmensidad de la Internet.

Por eso, en un acto de justicia, algunos seguidores de la movida otaku hemos decidido darle su lugar, un blog que esté a su altura, en el que no solo se hable de anime (después de todo, nada de esto existiría sin estas series), sino de otakus: sus historias, los eventos en que participan, los negocios y proyectos que han emprendido a raíz de su afición. Este es un blog de otakus para otakus y cualquiera de ellos tiene la posibilidad de hacerse escuchar aquí. Es el momento de que hablen. ¡Habla, otaku!

 

 

*Ronald Cotaquispe es periodista, trabajó en los diarios Perú.21 y Correo y actualmente escribe en la revista de autos Nitro. Es colaborador del Grupo Avatar PUCP, un equipo multidisciplinario de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) que desarrolla videojuegos y mundos virtuales con fines educativos. Además se encuentra realizando una tesis sobre medios de comunicación en mundos virtuales como Second Life.